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EDUCACION, DERECHO AL VOTO Y NACIONALIDAD
Una Visión Personal del Embajador de Paraguay Isao Taoka
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Nací en la Prefectura de Tokushima y a los catorce años de edad emigré hacia Paraguay llegando a una zona llamada Fram, conocida actualmente como ciudad de La Paz, donde como inmigrante empecé a vivir junto con mi padre en un país extranjero.
Me desempeño en la actualidad como embajador de Paraguay en Japón, cargo que asumí desde el año pasado, el cual me hace reflexionar y comparar mi experiencia como inmigrante con los problemas y situaciones en las que los inmigrantes de origen sudamericano se ven comprometidos en el Japón, y a su vez pensar en la aceptación y política que se tiene para con los trabajadores extranjeros por parte de las autoridades japonesas.
Para empezar, recuerdo que todo aquel que emigraba al Paraguay obtenía simultáneamente una visa de residencia permanente, algo ya establecido en ese entonces como parte de la política que tenía Japón para con sus ciudadanos que emigraban. El proceso de naturalización para ser paraguayo comparado con el japonés es tremendamente distinto, es mucho más simple obtener la ciudadanía paraguaya por parte de un extranjero y así contribuir como todo ciudadano con su ciudad y país. En mi caso llegué a ser alcalde de la ciudad de La Paz. Cabe mencionar que toda aquella persona nacida en Paraguay obtiene automáticamente la nacionalidad paraguaya.
Por otro lado, todo aquel que viva en Japón durante diez o quince años seguirá considerado extranjero, algo que me parece realmente injusto, recordemos que Japón envió muchos compatriotas al extranjero y pedía a los respectivos gobiernos la facilidad de la residencia permanente como parte de su política de ese entonces, mientras que en la actualidad las facilidades para que los trabajadores extranjeros en Japón obtengan residencia permanente son pocas. Vale recordar que muchos de los mismos descendientes de japoneses nacidos en el extranjero, hijos y nietos, no son japoneses ya que el derecho a la nacionalidad japonesa deja de ser automática para aquel hijo de extranjero nacido en Japón, cortando de esta manera el nexo entre el Japón y sus descendientes de raza y sangre.
El problema que se ocasiona a los extranjeros no va a repercutir en los padres sino en los hijos.
Pensemos ahora en los problemas relacionados con la educación
En Paraguay así como en los demás países sudamericanos, el Estado tiene la responsabilidad de construir escuelas en los lugares donde haya inmigrantes además de enviarles el respectivo personal docente. El hecho de que los niños que vivan allí sean hijos de extranjeros no es motivo para privarlos del derecho a la educación pública. La construcción de las escuelas o facilidades también son realizadas con fondos públicos.
En este aspecto, ¿cómo avanza el Estado japonés? ¿ los hijos de los “dekaseguis” tienen el debido apoyo y oportunidades reflejado en algún plan o sistema que esté plenamente garantizado?
El otro punto a tocar es el derecho a sufragar
Nosotros obtuvimos el derecho al sufragio con la inmigración y como consecuencia también la posibilidad de haber ocupado un puesto público, ser alcalde a pesar de nuestra condición, primera generación de inmigrantes japoneses.
¿Y en Japón? Últimamente y solamente en algunos gobiernos locales autónomos se ha podido notar algunos avances con respecto al derecho de sufragio que los extranjeros deberían de tener, hecho que debemos de considerar muy importante pero que falta madurar ya que como problema individual no debe de ser aprobado ni desaprobado, es un derecho que falta analizar y evaluar también.
Aparte de todo lo mencionado en los párrafos precedentes, aún quedan las interrogantes y opiniones sobre como proceder cuando los extranjeros se ven envueltos en actos delictivos y el refuerzo que debería de existir para controlar estos. Es algo que existe como realidad y que proviene de un sector de gente con una conducta repudiada que forma parte de los inmigrantes pero que también es la conducta de seres humanos que por su propia naturaleza delictiva inevitablemente aparecerán. Muchos inmigrantes japoneses también cometieron actos delictivos en el extranjero. Sin embargo nosotros como inmigrantes y descendientes de japoneses a la vez, tenemos el gran orgullo heredado de nuestros padres de poseer las mismas virtudes que muchos japoneses tienen. Esto quiere decir, que tenemos mucho cuidado en no cometer o llevar a cabo actos indebidos contribuyendo recíprocamente con la sociedad japonesa.
Quisiera enfatizar en que las leyes que controlan a la delincuencia no deberían de ser aplicadas a la gran cantidad de extranjeros que de manera correcta vienen trabajando en Japón, los cuales en muchos casos ya llevan más de diez años en estas islas, convirtiéndose de inmigrantes temporales en residentes con casas propias, los llamados “dekasegui” * .
Sé que habrán muchas opiniones al respecto, muchas relacionadas con la llegada y aceptación de la mano de obra extranjera o tal vez las relacionadas con las actuales políticas y las correcciones que deberían de realizarse para mejorarlas, pero todo esto es la opinión personal de un diplomático descendiente de japoneses y que por serlo piensa probablemente de esta manera. Pero lo cierto es que a Japón, claramente le falta mano de obra y creo que ya llegó la etapa en la cual se deba debatir la situación de los trabajadores extranjeros, la de sus familias y su estilo de vida de manera seria.
* Dekasegui: Gente que deja su hogar por períodos para buscar y trabajar en empleos temporales.
Traducción: Renzo Taira
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